lunes, 24 de septiembre de 2012

Capítulo 12. Aquí sonríe el que quiere.

¿Ni un gramo de sol ahora que llueve? No te engañes por favor, aquí sonríe el que quiere.
Estoy en ese momento en el que la tentación del sueño es menor que la del soñar. Nicole lleva tres días sin aparecer. Hoy me llamará. Espero. Espero su llamada. Llama. Puta.

Por fin. Ya es media noche, pero como si no lo fuera. Dicen que los lobos cazan de noche... yo ahora soy como la presa que se dirige a su propia trampa, siguiendo un instinto que le lleva a un cebo irrechazable, el pecado de la carne. Se oye en un parque próximo el rumor de las botellas de alcohol barato vertiendo su droga sobre vasos de tubo. Los adolescentes sólo follan borrachos. Y yo muchas veces ebrio, pero es distinto, sé disfrutar de una buena copa.
Nada especial. Fue un polvo de aquellos a los que me tenía acostumbrado. Nuestra mente trabaja para hacernos pensar que la excepción es especial, y la rutina, puta monotonía. Por eso ya no disfrutaba como antes follándome a esa chica.

En esta etapa de baches solía recurrir a mi rubia de siempre. Tiene gracia, la echaba de menos. El problema es que como no espero nada emocionante de ella, nunca me defraudo, y ese es el matiz que la diferencia de Nicole.

Hoy me siento fuera de lugar, de tiempo, fuera del mundo. Muchos dirán que estoy loco. Otros no dirán nada, casi nadie me conoce en esta ciudad, pero de ciego tengo poco, y así veo mi realidad, mi cordura está en tu cama y en tus besos mi verdad.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Capítulo 11: De clínica.

Era un apasionado de la investigación histórica, me pasaba largas horas en la biblioteca de la clínica, rehabilitando mis neuronas a fuerza de lapiz, lo que implica, que escribía la historia de un infeliz que no replica.

Intento abstenerme cada mañana de mi nicotinado vicio, pero el color gris que tiñe hoy las nubes se torna demasiado sugerente para hacer divagar mi mente en el horizonte contaminado. Juego con el humo de mi cigarrillo, y hace trampas... ¿Cómo lo hará el humo para ascender siempre? Ojalá pudiera yo independizarme de esta gravedad asfixiante. Respiro un humo denso y cargado de olor a lluvia, y al volver a mi piso desde la terraza, observo un pendiente brillante olvidado en el suelo.

Nicole siempre había sabido jugar al juego de nunca encontrarnos, era su diversión. Yo le gustaba, creo, pero cuando la buscaba no la encontraba en ninguna parte. No estoy acostumbrado a que las tías lo pongan difícil, así que tomaré nota en mi cuaderno de anillas oxidadas.
Esa tarde la vi caminando por mi calle. Era lista, sabía dónde encontrarme cuando le apetecía. Bajé a buscarla, la seguí hasta un callejon, y la perdí. Anduve unos pocos metros hacia el interior de ese callejón, y me asaltó de repente.
Follamos como una hora, pero la lluvia y el frío nos aconsejaron guarecernos en mi apartamento.
Ella tenía uno de esos pantalones vaqueros que dejaban ver sus poderosos muslos y los cachetes del culo. Esa clase de ropa estaba pensada para hacernos enloquecer, fantasear con lo que habrá debajo, con la carne caliente de la piel de su cuerpo.
Y así estaba yo, perdido, tras perder el tiempo de la mano de una botella de tequila con ella. Claro que no hacía falta beber, pero nos encanta hacerlo así.
A la mañana siguiente desperté con el sonido monótono de un grifo mal cerrado, o eso creo. Ella ya no estaba, desapareció, de la misma forma de la que entró a formar parte de mis sueños...

Ahí estaba su pendiente, olvidado, al contrario que el polvo de aquella noche.

martes, 11 de septiembre de 2012

Capítulo 10. De gintonics va la noche.

Escribamos hasta que nos duelan los dedos,
nos pesen las manos,
nos acosen los sueños,
nos acusen de extraños,

Y miremos cómo pasan los años, advierte,
que nos dejan a solas
mirando hacia el frente,

Respirando en el cuello
de una diva con suerte,
rozando con mis labios
el calor de su vientre,
así que prueba,
cuenta atrás y siguiente,

Esta noche... esta noche ni la almohada me susurra,
será que duermo sólo,
que en mi cama no hay ninguna, y,

Que sólo saben
quienes dicen no saber,
Pregúntame a la una
que si sé qué coño hacer.

Noche negra, de asfalto mojado. Se disipa el hedor de la urbe con esta lluvia que sabe a pompas de jabón. Es la hora perfecta para juzgar algunas promesas cómo incoherentes, los vicios ejercen su atracción brutal.
Esta mañana fantaseé con el cuerpo de una adolescente que caminaba por la acera cigarro en mano. No soy adicto, soy regular en mis costumbres, y el sexo no me es necesario, sino sólo complementario, lo que no quiere decir que la vida me valga la pena sin tirarme alguna zorra.

A veces creo en los fantasmas. La gente que ha hecho algo fatal en vida se cobra su castigo vagabundeando por las avenidas de cemento gris, creo en el Karma, incluso tras la muerte... es la única manera de explicar que me persiga la culpa con un cuerpo femenino detalladamente esculpido... aunque ella no ha muerto... bueno, sí para mí, pero sé que sigue viva en alguna parte riéndose de mi hipotética desgracia. No malinterpretes mis palabras, soy feliz, pero a mi manera.

Concluyo el día con un par de gintonics, de la mano de una prostituta de lujo que me presentó un tío en el bar de la esquina. Cama insulsa la mía, sin contenido de calidad, sumergida en un habitáculo de paredes acartonadas que me alquilan como "hogar"... es lo más a lo que puedo aspirar con mi sueldo de escritor fracasado. Aún así, la tía follaba bien. "Ficción o realidad" se preguntan los orgasmos. "Carpe diem" respondo siempre, vive el sueño de la vida, o vívela como un sueño, qué más da, emborráchate igual.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Capítulo 9. Noche en casa.

Mis sueños no saludan y el insomnio me acosa.
Y suelo acabarme la copa, pero no si estoy solo en casa.
Si bebo esta noche será para olvidar, y qué paradoja, si bebiendo no voy a recordar nada.
Quizá pueda beber para olvidar lo que hice estando ebrio y que no recuerdo bien.
Otro bucle protagonizado por los efectos nocivos de mis compañeras las drogas.

Algunos dicen que el alcohol mata, y hay otros que matarían por alcohol.
Yo sigo con vida, y le debo estas ganas de seguir haciéndolo a las drogas que amenazan con arrebatármela.
Digamos que amenizan las veladas de por aquí.

Lo malo del tabaco es que está pensado para que el simple olor que deja un cigarrillo en tus dedos te provoque ganas de fumarte otro.
Y así estoy, dibujando lo poco que recuerdo de ella en un lienzo imaginario, suspendido en el aire, bailando entre el humo plomizo de una atmósfera muy cargada.


viernes, 31 de agosto de 2012

Capítulo 8. Marinero en tierra.

La noche es oscura si no llevas contigo una luz que te acompañe o una elevada concentración de THC en tu sangre.
En ese caso llevo iluminación de emergencia, por si alguna falla.

Estamos ella y yo en la calle, sentados en un banco bronceado por el óxido. No soy de relaciones largas, no me sobra tiempo. Cojo su mano y la habitación nos recibe con su peculiar aroma nicotinado.

Ella prefiere whisky, yo... a mi me vale cualquier excusa para manipular sus gemidos sin el consiguiente sentimiento de culpa... aunque acaba agradeciendo que la utilice para complacerme esta noche, que no llevo suelto para putas.

Se empeña en despedirse con un beso de esos que parecen gritar "te quiero" en silencio... ¿A quién pretende engañar? Es sólo sexo, lo sabe... Lo que quizá no sepa es que he echado de menos sentir el cuerpo de Nicole en lugar del suyo.

¿A qué se debe este sentimiento de vacio? Tengo lo que quiero... no, lo que necesito... lo que quiero es ver de nuevo la silueta de esa mujer deslizándose descalza sobre mi piso...

En su mirada esconde esa sirena una balada, una reliquia enjaulada con el transcurrir del tiempo.

Y ahora ese viento que enseñaba a volar sin acierto, impulsa este navío que algunos llaman infierno, a un recuerdo de esperpento que me deja sin tu aliento.

Y me recuerda este cielo negro el día que llovieron mil palomas, y la vida terminó de pronto, sin tu calor, tu voz, tus ojos y tu aroma, sin todo lo que le daba significado a ser marinero en tierra, y a navegar...

miércoles, 29 de agosto de 2012

Capítulo 7. Esa rubia.

No es la canción, sino con quién la escuchas, por eso mi música no es música si me falta mi musa.
La busco. Hoy lo tengo fácil, la misma rubia de siempre... además, esta noche es Luna clara, así que hoy toca deseo, perder a los segundos y quedar como el primero, huir, porque ya no nos queda tiempo, debo volar a dondequiera que me lleve este viento.

Después, despierto en tu habitación. Soy en tu cama un extraño de los que recuerdas siempre, y tras el estallido de tus gemidos, tras el clímax orgásmico que sufres, me convierto en eterno conocido.

Y de nuevo tendré tu invitación, y seré el plato caliente que pides por teléfono, cada noche, y a veces incluso en el día... Tienes un problema con el sexo, con nombre y apellidos, pero supongo que no me importa ser cura y causa de tu locura... Hasta que me aburra, porque así es el juego de los que apuestan fuerte, de los que luchan por mantener las manecillas del reloj en el mismo sitio.
Pero, ¿qué eres tú? Puedes parar el tiempo, y acelerarlo... ¿Serás un bonito trofeo en la estantería o la que me ayude a no necesitar más? Aun no entiendo tus habilidades, me traen de cabeza... Me niego a llamarlo amor, se escribe "sexo", pero supongo que eres diferente. Quizá el enfermo sea yo, porque, ¡mírame! Estoy perdiendo el tiempo en líneas que nunca podrás leer. Y lo peor de todo es que no agonizo con estos segundos derrochados, pues puede que sean los primeros de una historia sin precedentes en mi memoria. Y no sé si porque no tengo memoria o por si carezco de historia, pero para qué las necesito si vivo cada momento en un sueño que siempre me lleva a ti, rubia, mi rubia.

Capítulo 6. Nicole.

Vine a buscar pólvora en una tienda sin licencia de armas. Así me siento esta noche en el garito que queda a dos manzanas de mi hotel. Putas por todas partes, me faltan un par de copas para verlas con los ojos de la ciega perversión. Aquí todos buscan lo mismo, y ellas lo saben. Espera un momento. Entra una mujer como distraída, con prendas que no van a juego con el local. Se detiene frente a la barra y pide bebida. Su vestido rojo es de los que quedan mejor cuando la desvistes, al comprobar si sujetador y tanga van a juego. Sí, llevo copas como para follarme al camarero, que ahora sirve la suya a aquella mujer de piel clara.
¿Te invito a la próxima?
Estás borracho.
¿Sueles responder obviedades a preguntas de sí o no?
¿Y tú sueles hablar siempre preguntando?
No, pero pareces también borracha.
No lo estoy, de momento. Soy Nicole.
Le di mi nombre tras un último sorbo a mi cóctel. Usaba gafas de montura negra sin demasiadas dioptrías, o eso relataban sus ojos verdes.
¿Entonces tengo tu copa?
Claro, pero cuidado, la noche es larga, no quieras terminarla en dos minutos.

La política fue la baza que jugamos los dos para entablar una conversación que se ofrecía interminable. Queremos sexo, los dos. Será de esas que se hacen de rogar.

Al día siguiente el dolor de cabeza no me impidió recordar cómo Nicole desapareció al marcharme al baño. Vaya, parece que ese nombre lo recuerdo, es curioso. Joder, no tengo su número. Habrá zorras por toda la ciudad, así que cargo mi arma con ansiedad preparándome para descargarla contra media docena de jóvenes del bar de aquella esquina.